lunes, junio 9

Truffes de cocó.

Ingredients:

*crème de lait
*chocolat blanc 100 g
*rhum 1 petite cuilléerée
*cocó râpé

Preparation:

Fondre la crème et le chocolat haché au bain-marie. Retirer du feu, ajouter le rhum et la moitié du cocó râpé. Mélanger et laisser reposer dans le frigó pas moins de 2 heures.
Prendre petite cuilléerée de la preparation donner-la une forme rondelle avec des palmes des mains et enrober á le cocó. Conserver dans le frigó.

lunes, marzo 24

La montaña mágica, Thomas Mann

SOBRE LO INELUDIBLE DEL TIEMPO Y DEL DESTINO EN LA MONTAÑA MÁGICA de Thomas Mann.




SÍNTESIS.

AL llegar al sanatorio internacional Berghof la vida de Hans Castorp comienza a vascular entre dos aspectos que definirán su derrotero y sellarán así mismo su existencia: tiempo y enfermedad. En el marco de una experiencia de formación estos dos aspectos redefinen su vida en cuanto a la relación del héroe con su pasado y su porvenir, abriendo esferas antes intransitadas y de una implicancia inédita en su vida. Una ruptura y una distancia sin retorno con su pasado inmediato pero también un relanzamiento, un acontecer de ese pasado sobre el presente.

En parte esa ruptura del hombre con su entorno social ordinario se opera por la dimensión temporal que conlleva la experiencia del desplazamiento de un tiempo sobre todo cronológico. Dando lugar a un tiempo que es caos y perturbación, un tiempo cuya magnitud y densidad lo anulan hasta convertirlo en un tiempo experimentado como eterno, un tiempo que se desenvuelve y despliega en el ámbito del sueño, la alucinación y el aletargamiento de la conciencia.

Además esa ruptura se opera en la dimensión de la enfermedad que implica la experiencia radical de la muerte pero es inescindible de una experiencia de la liberación. junto a un concepto de enfermedad como “fiesta del cuerpo” está la idea de que la enfermedad reblandece toda atadura moral. El cuerpo enfermo es un cuerpo que transita el espacio libremente, que no debe dar demasiada cuenta de sus actos. Todo resabio de culpa tiende a diluirse mientras hay una revalorización del “sin sentido”, del capricho, del abandono y el exceso.

Sin embargo esta ruptura que es una experiencia con la enfermedad, con la muerte y el pensamiento, se expone a la experiencia fulminante del vaciamiento de la propia vida. Cabe entonces preguntarse por qué el hombre no puede soportar la experiencia del vacío; por qué el tiempo debe ser para el hombre, ante todo, el tiempo cronológico, en tanto, debe mantener un vínculo con el tiempo inevitablemente.





1.Sueños herméticos: el tiempo y la configuración de la identidad del héroe.

En su estudio sobre La montaña mágica Ricoeur llega a la conclusión de que la novela de Thomas Mann no puede ser simplemente caracterizada como novela sobre el tiempo. En este sentido introduce varias hipótesis para mostrar que la novela temporal es también, y no en un sentido más débil, novela sobre la enfermedad; pero esto no agota aún la totalidad del texto sino que es necesario formar una tríada —tiempo/enfermedad/cultura— para que el esquema casi se articule en su problemática. Casi, porque a su vez al plantearse una forma de sintetizar esa tríada introduce nuevas hipótesis para mostrar que el texto de Mann puede ser leído como relato de aprendizaje al centrarse en su totalidad en la persona de su protagonista Hans Castorp y del derrotero de la experiencia de su formación espiritual. En conclusión, tiempo, enfermedad y cultura se conjugarían e intercambiarían al interior de una esfera más comprensiva que es el relato de aprendizaje. Si bien Ricoeur no detiene aquí su análisis, —sino que continúa introduciendo hipótesis para seguir variando la manera en que el texto podría hallar su esquema definitivo—, esta caracterización de «novela educativa» está muy conectada con la noción de identidad. Porque el relato de los sucesivos aprendizajes y desaprendizajes del protagonista Hans Castorp implica una referencia privilegiada al modo en que el texto presenta o deja ver los diferentes modos en que se ha ido configurando esa identidad personal. Se puede decir en este sentido que La montaña mágica es la historia de las peripecias sobre todo identitarias de su héroe Hans Castorp y hay que ver qué se sigue de que esas peripecias transiten entre estos tres grandes ejes que son el tiempo, la enfermedad y la cultura. Es posible tomar cualquiera de esos ejes para entrar a desplegar los problemas identitarios y las búsquedas del héroe.
En principio cuando el héroe llega a la montaña de lo que se trata es de aclimatarse. Esto puede ser entendido como la disolución de esa trama de sentido en la que está envuelto que trae consigo de abajo, del mundo de los sanos. Debe sacudirse de ese sistema de creencias, debe afirmar la nada y alivianarse de esa realidad en la que ha transcurrido ordinariamente su vida desde que tiene uso de razón . Afirmar la nada es conferirle sentido a los eventos más insignificantes y los ejemplos se multiplican en la montaña; los festejos sin sentido, las comidas interminables y cíclicas, los paseos sin motivo y las charlas circulares y eclécticas. En este sentido hay que remarcar muy enfáticamente que la relación entre Hans y su maestro Lodovico Settembrini es claramente de oposición pues Settembrini es quien desde el comienzo y hasta el final hace fuerza para restituirlo a la circunstancia original.
La trama que la novela presenta y lo que en ella conduce la problematicidad del relato es desde una perspectiva filosófica un problema universal al hombre en tanto toda existencia aparece en principio como irresuelta a la manera del Dasein caído y debe operar este tránsito donde el pasado debe ser interpretado y restituido para esclarecimiento del presente . Es crucial en este sentido el episodio «Hippe» del capítulo cuarto, donde se muestra cómo el héroe en medio de profundas ensoñaciones resignifica ese pasado, lo coloca como centro gravitatorio de su vida presente. Puede esto tomarse como una ilustración del modo en que se está armando él mismo el relato de su propia vida, en este sentido se está inventando un mundo o está dando apertura a su posibilidad de ser libre. Acá se encuentra por una parte la noción de imaginación como función subjetiva que va produciendo estos desplazamientos, reinterpretaciones y resituaciones de escenas de la propia vida. Una operación arriesgada pues conlleva el peligro de que estas variaciones imaginarias terminen por anular toda identidad en la medida en que minan esa experiencia personal de múltiples experiencias extrañas que tienden a desestructurar tan radicalmente al propio sí mismo hasta poder llegar a anularlo . Así se perdería en lenguaje heideggeriano la jemeinnigkeit, la existencia como siendo en cada caso lo más propio de cada uno. El orden impuesto a la propia vida debe ser tal que le permita al sí mismo reconocerse e identificarse en un relato que se hace a sí mismo y que le permitirá por medio de la acción, el conocimiento, la religión o la creación de ficciones liberarse de esa finitud en la que se ha encontrado arrojado o por el contrario, quedar sumido en ella y reducido a una condición impropia .
Instalarse en la montaña, en Davos-Platz, es marcar ese contraste con el tiempo de los de abajo que es un tiempo que se caracteriza por la urgencia que impone el momento, el entorno y lo que éste espera de uno, por ejemplo las responsabilidades de la profesión. Es un tiempo lineal donde la primacía la tiene el ahora en su sentido de presencia y las tareas que ese ahora impone. Imposibilidad para que otras dimensiones temporales sean la referencia que resignifique y extienda ese ahora en otros sentidos. Más allá del ahora y del inmediato ahora que viene. Es el tiempo del calendario lo que denomina con precisión pero de manera impensada lo que sea el tiempo.
Por contraste, en la montaña la experiencia del tiempo es no el sentido ordinario de lo que pasa, de lo que cambia, envejece o se termina. El tiempo es hundimiento en sí mismo y simultáneamente olvido de todo lo circundante, olvido de todo aquello que de ordinario en el mundo es la referencia organizadora de la vida; esto es el aspecto cronológico que de ordinario hace al tiempo. Allí en ese hundimiento sobre su propia persona, Hans Castorp descubre que hay otros tiempos que deben ser transitados y donde las preguntas acerca del sentido de su propio estar en el mundo se redimensionan . En estas experiencias con el tiempo aparecen esas advertencias de Ricoeur acerca del riesgo de una desidentificación total; dado que, como señala desde otro lugar Rilke, ese descenso al mundo propio conlleva también un sin retorno, implica un imposible que Rilke liga en su caso particular a la creación artística. En el caso de Hans Castorp se puede generalizar a su propia vida, a lo que se espera de él en el «país llano», a su relación con sus aprendizajes, con sus reflexiones filosóficas y estéticas, que aparecen en muchas ocasiones signadas por ese carácter de infecundidad, por ese carácter de modestia o simpleza, como señala el narrador en varias oportunidades.
El héroe recuerda, pero no se trata del recuerdo en la forma en que comúnmente la conciencia evoca y despliega esos contenidos que estaban como perdidos en su interior; eso que estaba perdido y la conciencia trae de vuelta al presente. Es una experiencia distinta, es una experiencia de lo incomunicable. Recurriendo otra vez a Rilke, el poeta lo aborda como la experiencia de la soledad, como algo que se debe soportar o como algo que unos pocos pueden sobrellevar antes de caer en la mera comunicabilidad . Esto está íntimamente ligado a la vida del héroe de la novela, este concepto de «gran soledad interior» como lugar del crecimiento, de la maduración del espíritu. Este tratamiento de los problemas del tiempo es la anulación de esa idea del ahora del mundo de las meras cosas como tiempo privilegiado para abrirse a la esfera de un tiempo que se define sobre todo en lo propio . Haciendo usufructo del fenómeno novedoso en que consiste ese reblandecimiento de la rigidez de la trama temporal traída de abajo se pone de relieve una experiencia del tiempo interior que evoca el pasado dándole un sentido de originalidad temporal y piedra de toque fundamental para conformar un relato forjador de la identidad personal. Hay una correspondencia entre, por un lado la marginación del aspecto mensurable del tiempo, la densificación del tiempo, cuyo ejemplo clásico es que la unidad menor de tiempo en el Berghof es un mes . Por el otro, la puesta de relieve y el ahondamiento en un tiempo propio como acicate del crecimiento espiritual y del abordamiento del sentido de la propia vida . (Hay que recordar que esto es lo que Hans Castorp declara a madame Chauchat en el episodio «Mynheer Peeperkorn (continuación)» ) Esa declaración tiene todo el peso de la justificación del presente, del sentido de su estadía como interno del Berghof. En la medida en que hay una historia detrás de su decisión de permanencia y espera en el lugar pero esa historia ha exigido la operación consistente en que las medidas ordinarias de tiempo queden marginadas. Es una historia de la que en rigor es dificultoso hablar, de ahí su carácter hermético, pero una historia que no carece de coherencia y de una cohesión interna aunque siempre velada porque responde a ese otro tiempo interior donde gobierna la lógica de lo azaroso. También el buscar y el dar razón está muy ligado a un acontecer de lo oculto en el sentido del fenómeno esotérico. Es lo que se ve en el juego con la enfermedad y la muerte en el carácter atávico y casi totémico de ciertos objetos transportadores de sentido como el “lápiz” y los “ojos de Privislav” que serán luego, quince años después, los de madame Chauchat .
Continuando con la caracterización que se hace del tiempo como tal en la montaña, del modo en que viven el tiempo los habitantes del Berghof, a esa adaptación se la llama «aclimatación». Es decir acomodarse a ese otro tiempo que es el no tiempo de la montaña mágica. En términos generales la anulación del tiempo en cuanto a lo que sería la oposición entre el tiempo de los de abajo, el de los hombres sanos de la llanura, y el tiempo de los de arriba. Esto se explica por la repetición radical de los sucesos del mundo del Berghof que efectúan una negación del tiempo en tanto no hay una de las exigencias más ordinarias para que pueda hablarse de existencia de tiempo; esto es movimiento. Entendiendo transcurrir temporal como sucesión de instancias que se niegan unas a otras, donde una deja de ser ahora para que la siguiente pueda ser presente, en el modo de la presencia, y así sucesivamente sin término. Es decir, el tiempo exige la no identidad de lo que pasa, el ahora presente niega un ahora anterior y a su vez es negado por un ahora del que ya es precedencia . Pero Hans Castorp dice, veladamente en la voz narrativa, que este desdoblamiento de autonegación de los sucesos no existe en el Berghof por esa iterabilidad radical del modo en que los eventos son experimentados . Así es que se desemboca en ese tiempo como infinita quietud fija de lo mismo. No hay tiempo allí donde la identidad de lo que pasa al replegarse sobre sí anula todo movimiento y permanece lo fijo y eterno. La relación entre estos dos aspectos del tratamiento temporal queda conectada entre el episodio «Hippe» y el episodio en cuestión ahora llamado Ewigkeitssuppe und plözliche Klarkeit «Potaje eterno y claridad repentina» según la traducción de 1941. Porque en «Hippe» lo que se explicita es el aspecto antes descripto del tiempo interior —tal como se encuentran también alusiones en Rilke— y casi cien páginas más adelante en «Potaje eterno...» el descubrimiento, el ser conciente por parte del héroe de que el tiempo en un sentido mundano es bien distinto en la montaña; cumpliéndose esa advertencia del primo Joachim: «Pero no exageres, te lo aconsejo. Aquí las cosas pasan muy distintamente que allá abajo.(...) Si bien, tras esta advertencia, Hans Castorp descubrirá ese tiempo de la interioridad pero que como acontecimiento presuponía ya seguramente haber estado aclimatado de alguna manera, haber estado al menos en contacto, haberse movido al menos en esa atmósfera de eternidad.





2. Tiempo y cultura: destino y decisión.


Luego de haber trazado un análisis del planteo temporal de la novela y de cómo el héroe va configurando su identidad a partir de esta nueva experiencia del tiempo, lo que sigue intenta extender ese análisis para trazar las posibles implicancias que surgirían al enfocar esos desarrollos con respecto al eje «cultura». En particular porque más allá de que a lo largo de todo el texto la cultura —cuestiones políticas, sociales y filosóficas entre otras— es un eje del transcurrir de la propia historia, es también el foco privilegiado por donde el texto resuelve su desenlace. Particularmente es el momento de lo histórico propiamente dicho que emerge y empuja todo hacia su finalización e indeterminación simultánea. Es también el momento donde con más explicitación el lector puede corroborar esa insistencia del narrador desde la primera página: la ingenuidad del héroe al encarar su vida, su entorno y una decisión semejante como es su participación en la guerra. ¿Es posible decir que llegado a ese punto el gran cometido del héroe ya estaba cumplido y sólo faltaba darle una forma acabada a través de una acción que a sus ojos aparecía como noble u heroica? El sentido de su estadía en aquel lugar, en el Sanatorio internacional, había sido escapar a cierto destino, torcerlo quizás. (El mismo Hans habla al llegar a su plazo de veintiún días y enterarse de su enfermedad y de la necesidad de un tratamiento de un “desvío del destino”). Estos datos podrían incidir en que su decisión de ir a la guerra sea la de alguien que está feliz. Si bien esta felicidad por más que tenga toda la apariencia de una decisión radical es difícil de ligar con el estado espiritual del héroe. ¿De dónde entonces puede provenir esa repentina alegría? Las razones que la podrían justificar resonarían ajenas y forzadas para un hombre perdido para el mundo como Hans Castorp ha declarado de sí mismo. Provisionalmente, tomando una idea de Benjamín, el hombre feliz se plantea como aquel capaz de desvincular el encadenamiento del destino y de la red de lo propio . Es des-apropiante en la medida en que queda envuelto en una historia que lo excede y lo revuelve. Es algo disruptivo y si se trata del héroe éste queda enlazado en medio de este torbellino para su aniquilamiento.
Seguramente esta manera de problematizar la cuestión del destino de Hans Castorp trayendo de manera superficial algún concepto benjiaminiano para su elaboración es un modo de interpretación que intenta asumir un gesto de redención para el héroe en ese final. La radicalidad de la decisión está ejemplificada en la extrañeza y la perplejidad que arrastra por el hecho de presentarse como algo ajeno e impredecible para la propia vida del héroe pero éste sería en todo caso el efecto buscado. Patentizar que más allá de lo decidido, sella su liberación descendiendo por fin a la llanura pero como otro. En tanto ya sus vínculos con ese mundo de abajo son cosa de un pasado enterrado y de hecho no va a la llanura para vivir, sino posiblemente para morir.
Sin embargo es posible plantearse un análisis que sume otros elementos o ponga el énfasis interrogativo en otros aspectos, que indague por ejemplo por el sentido del presunto destino de muerte: esas perspectivas irán más allá de la interpretación de un final meramente redentor.
El héroe asume cierto destino. Pero ese que por fin se impone como tal va a permanecer como destino siempre incumplido. (De modo que decir esto ya es un alejamiento del intento inmediato anterior de buscar una justificación afirmativa por la vía de la constitución de una identidad, la del héroe, que se sacude las filiaciones de un destino negativo . Ese destino de atracción gobernado por una inercia de la cual el héroe no logra sustraerse y vive su cumplimiento como una misión sin rupturas, en apariencia, con su propia historia, que se vuelve en cuanto a él una historia impropia) .
Simplemente, —ese destino efectivo pero paradójicamente incumplido—, un sueño de Hans Castorp, un sueño por lo menos sabido y experimentado episódicamente pero siempre como algo incumplido. ¿Pero es una cierta decisión lo que así queda determinado en cuanto a ese destino?; ¿hay acaso algo así como una decisión fundamental del héroe que dé cuenta de semejante determinación? En principio lo que podría decirse es que en todo caso el desarrollo del texto va a ir mostrando que la decisión y la responsabilidad van a ser dos cuestiones claves para entender ese destino. Un destino que estará jugando desde el principio, y hasta el final del texto, con dos nociones que a medida que el texto avance, cada vez más, se van a ir aproximando hasta quedar identificadas en una faz única: por un lado la libertad y por el otro la muerte. Pero en principio la noción de destino tiene mucho que ver en particular con la libertad entendida como liberación de esa existencia común a los hombres sanos, en tanto “vida impropia”. Por tanto aquí ya son varias las claves que se convocan para pensar esa posibilidad de liberarse. Pues por un lado está la brecha abierta por la enfermedad y privilegiadamente es esa peculiar experiencia del tiempo que al vivirse de un modo tan intenso y novedoso por Hans Castorp es central para entender su paulatina habituación a la montaña, y con ello, su progresivo desapego con el mundo de los de abajo.
Pero en el transcurso de esa liberación que tiene al tiempo, la enfermedad y la formación del espíritu como, por decirlo así, sus condiciones de posibilidad, la vida de Hans Castorp en la montaña y su destino varía levemente cuando el tiempo ya es otro, es decir cuando el tiempo mueve al héroe hacia otras decisiones de su propia historia. Mientras tanto vive alimentado de su propio sueño de los grandes descubrimientos que esa ascensión le procura.
Esa realidad turbada, fragmentada y caótica pero siempre repetida hasta parecer estática . Ese sueño seductor en el que se deja envolver y atrapar de una manera en principio sin retorno. Incluso vive momentos de certeza de la conquista de su sueño y de su ruptura definitiva con la llanura cuando Joachim Ziemmsem abandona el sanatorio. Sabe que la deserción del primo Joachim significa en sentido fundamental para él, perderse sin remedio para el país llano . Cabe el arrepentimiento, la vacilación glacial se hace sentir en la posibilidad de estar ahora sí solo en la montaña. Sin embargo no siente el más mínimo deseo de renuncia. Unos seis meses después de la partida de Joachim su tío James Tiennapel hace un intento, como emisario del país llano, de rescatarlo, pero el fracaso es rotundo. Hans Castorp vive este intento y este fracaso en correspondencia con su indiferencia y su triunfo. Se siente ahora sí perfectamente aclimatado, dueño de sí mismo y afirmado en su libertad .
Esta libertad tiene otro momento de profundización en el episodio «Nieve» pues se la lleva al extremo cuando el héroe en consonancia con el deseo de engrandecer su soledad desafía las fuerzas elementales. Es constante el juego de oposiciones entre la civilización y la naturaleza y esta experiencia de lo sublime que conmueve a Hans indiscutiblemente, no deja por eso, de colocarlo como cruzado de la civilización frente a las fuerzas disgregatorias . Frente a la muerte y la indiferencia más atroz el antagonista humano opone la vida y el amor. Pero esta afirmación exige llevar al extremo su postura de modo de vida llamada el placet experiri. Incluso para dejarse seducir por esa pulsión de muerte bajo la forma de un “reto” . Desde el momento en que con convicción se entrega a ese reto comienza una lucha indeclinable por afirmar su vida (la vida) y vencer la hostilidad de lo inerte. La experiencia de exposición a la muerte se va entrelazando con una fuerte experiencia alucinatoria de dolor y de amor. Sufrimiento y muerte: pero donde el héroe finalmente decide que será el amor quien triunfe. Él, con el gesto afirmativo de vencer la adversidad se hará responsable de esta tarea bajo el lema: «El hombre no debe dejar que la muerte reine sobre sus pensamientos en nombre de la bondad y del amor» . Este es el gran descubrimiento tranquilizador, es toda la verdad que la aclimatación en la montaña puede darle; que efectivamente hay algo más allá de la indiferencia muda de lo inerte. Un algo que está también por encima de la mera organicidad y es lo humano. Es cierto que esta conquista y descubrimiento en el pensamiento del héroe está fusionado de manera confusa con la muerte, es lo que Hans llama el «amor irrazonable»
La muerte ejerce un poder fascinador conjugada con la enfermedad, el amor y la libertad. Por el contrario se la rechaza cuando irrumpe en medio de las manifestaciones simbólicas, en el plano de la cultura. Entonces Hans Castorp intenta huir de ella cuando ésta tiene un carácter demoníaco, sobre todo cuando se trata de la supresión de lo humano resplandeciendo en la juventud, la belleza y el juego, el resurgimiento y reflorecimiento de todo lo orgánico. Pero la muerte es algo atrayente, seduce al encaramarse en los principios del genio y de la libertad, al presentarse como una muerte querida, esa añoranza de muerte está muy ligada a las apreciaciones y a los permisos que confiere la enfermedad . Ahora bien, si las nociones de enfermedad, muerte, libertad y genialidad son correlativas aquí y estructuran el modo de sentir y vivir del héroe en cuanto a sus decisiones y determinaciones, queda pendiente dar cuenta de la manera en que se incorpora la noción de “destino” a dicha correlación.
El tema del destino y la decisión aparece con insistencia en los episodios centrados en la figura de Mynheer Peeperkorn, donde Hans hace interesantes declaraciones acerca de la manera en que él cree entender su propio destino en aquel lugar y el sentido también de encontrarse anclado allí. También hacia el final del texto en el episodio llamado “El gran embrutecimiento” aparecen importantes insinuaciones, como para trazar ciertos vínculos e ideas que se retoman y bajo las cuales se puede suponer que hay una cierta confluencia paulatina que se tensiona hasta patentizarse al final del texto. Donde el destino del héroe va a ser de algún modo absorbido por el destino de la cultura occidental. Éste será el rasgo sobresaliente de ese cruzamiento de destinos; acercamiento del macro y microcosmos hacia el final. Una primera comprobación de esto es el desenlace de acabamiento y de vaciamiento del héroe como persona, como proyecto. Sin embargo no son síntomas en sí mismos, no se trata de un fracaso en sí mismo y por consiguiente de un remordimiento por la experiencia de una frustración semejante. Es esa vaga intuición que tiene Hans Castorp de quedar estancado y encerrado bajo la carga de no poder producir un mundo alternativo tras el renunciamiento a la vida como esquema de salubridad burguesa y humanista. Paralelo a esto lo que queda es reabsorberse en otro fracaso que es el de ese mismo mundo del que él ha querido liberarse, un proyecto civilizador pero ahora haciendo resonar sus antiguas fisuras. En este momento de la historia, es decir con un Hans Castorp ya maduro en su aclimatación que tiene la certeza del no retorno al mundo de abajo; pero también alguien que ha entrado en un rápido proceso de agotamiento de sus fuerzas; su modelo de vida, el placet experiri , atraviesa una crisis terminal. El otro gran trasfondo de su justificación para su permanencia en el sanatorio Berghof, su amor por madame Chauchat, ya hace tiempo ha partido por segunda vez y ni siquiera ahora cabe hablar de una espera. Aparece en la vida de Hans el tópico de la música trabajando en un nivel en apariencia catártico pero que estará más ligado a una especie de opium de la conciencia. Por una parte la música es descripta como aquello que viene a limpiar la conciencia aletargada y embrutecida del héroe. Es una música que contrasta, es libertad en tanto se independiza del medio en el cual emana; una vez más es belleza voluptuosa que comparte su vía de acceso a los sentidos con la fetidez, en este caso con la hostilidad, la indiferencia, la insensibilidad en la apreciación del resto de los enfermos; de ahí que el narrador parece hacer un guiño irónico al lector como esperando de éste la comprensión que el protagonista no encuentra en su propio entorno. Y en este sentido justificar sus gestos violentos y apropiadores, sus pensamientos de rencor. Pero esta experiencia estética pone más en evidencia el estado espiritual que atraviesa el héroe, pues por detrás de esa apariencia de liberación catártica hay más bien una profundización del ensimismamiento. Aquello que en principio parecía ser una experiencia exquisita se parece más al agudizamiento hermético de su encierro y retrocesión.
De esta manera la coincidencia de un tiempo de la interioridad con un tiempo histórico se da no como algo necesario y constructivo sino por el hecho de haber quedado un vacío existencial, una ausencia de sentido frente a la cual el héroe queda reducido y envilecido . Ese destino ya trazado de antemano, que al ser desplazado ha dejado sólo un hueco insuperable, esa vida previamente modelada y ajena que lo esperaba como del otro lado de un túnel, tras un trayecto breve y con un interior sin bifurcaciones, no le ha proporcionado nada más allá del desembarazo de esas esclerosidades de la vida o si aparecía algo era simplemente el abismo. Incapacidad entonces de crearse nuevos sentidos para la propia vida. La única forma de enriquecer ese abismo o mejor dicho de evadirse de semejante aporía será la muerte y Hans Castorp hará suya esta opción de una manera velada. Colándose en ese tiempo histórico y dejando que la entrega a la muerte sea algo más complejo, algo más enmascarado y astuto, dado que el narrador no explicita efectivamente el final de Hans en la contienda. El acontecer histórico simboliza la absorción de Hans Castorp en este otro tiempo, es la anulación de sus conquistas anteriores, de todo su “gobierno”. Pero esto es sólo una manera de mirar ese final hermético.
Para alguien como Settembrini esto es un verdadero comienzo, aunque extraño, ni siquiera él puede escapar a la perplejidad. En eso va el gesto adoptado por la voz narrativa: bien acá estamos como despertando de un largo sueño ; dejando establecida una complicidad del narrador con el punto de vista del maestro humanista. No por casualidad el último intercambio entre amigos, entre maestro y discípulo, aparece a través de la mirada de un Settembrini para comprobar que Hans finalmente está dando muestras del fruto de la pedagogía humanista; y por amor a la humanidad, lo cual supone también el amor a sí mismo, ha decidido por fin su partida. El trueno lo ha despertado del sueño fatuo de la enfermedad y le ha hecho abrir los ojos, pensaría alguien como Settembrini. Y ya no hay nadie que conteste, no está León Naphta para refutarlo y a Hans Castorp se lo ve demasiado ocupado en su partida como para reflexionar.
A este respecto en el ensayo de Yourcenar se lo plantea en el plano de quien ha producido ese texto. En el sentido de una limitación del propio Mann en tanto ese sacrificio, ese destino incumplido, truncado, en una palabra, esa vida desperdiciada se explica por un prejuicio del autor de la novela. No un prejuicio de rechazo sino más bien un prejuicio de duda, en tanto la decisión castorpiana de salirse de ese mundo burgués, de no asumir ese papel de “hombre del progreso” equivale a una «terrible opción» . Esto es en la obra de Mann según lo plantea Yourcenar, una cuestión tópica, al menos en una primera época marca la preocupación de su obra, precisamente define el modo en que Mann resuelve las apuestas de los héroes de sus relatos. Es la muerte siempre lo que sella ese intento de evasión del mundo de lo cotidiano; ese mundo de ocupaciones, de aprovechamiento riguroso del tiempo, ese tiempo sólido y razonable que a su vez envuelve la razonabilidad y la solidez de las vidas . El intento repetido de oponerse, distanciarse y salirse de ese mundo se topa de manera manifiesta en La Montaña mágica con la liberación pero entendida como un gesto de muerte. La forma velada que adquiere ese gesto es la de hacerse sitio en un escenario donde esa liberación se desfigura bajo lo inhumano, lo absurdo o el paroxismo mismo de lo fútil que enraíza en el acontecimiento mismo de la guerra. Yourcenar identifica esto en la obra manneana como el precio a pagar por el ejercicio excesivo de la inteligencia . Un ejercicio que en definitiva exige un desenlace o una redención de su contracara que es en el texto el «gran embrutecimiento» esto es, el envilecimiento interior. (Si bien vale aclarar que a semejante estancamiento de la libertad, y es lo que quiere explicitar Yourcenar, se llega por el propio camino de la educación interior, es decir por la vía del pensamiento). Ese retorno pues, redentor de una recaída en el sinsentido, pensable en términos de una estetización de la persona, a través de la vía de la genialidad o de la palabra o de la regla que el genio inocula en el mundo y por la cual hace mundo, no se da. Pero sí, esa vía es truncada y del envilecimiento interior se sale casi expiando ; asimilando la libertad a la muerte . El narrador va a decir en este último episodio que para la historia es totalmente intrascendente que Hans se libere, que rompa sus relaciones con el mundo de la enfermedad, pero al mismo tiempo como «niño mimado por la vida» que sigue siendo, hay algo que se cuida de él. Hans Castorp no puede perecer sin más como una sombra que ha pasado . Hay aún una justicia que resplandece cerca suyo, pero esto implica que debe pagar, porque en definitiva, su sueño ha sido el sueño de un pecador .
Porque esos caminos de la libertad no han estado ausentes sino que han sido transitados y no han permanecido vírgenes. En el episodio «Nieve», como antes se había intentado sugerir, se asiste al interrogante acerca del destino y la decisión de un hombre, el joven Hans, que lo ha visto todo. Ha visto el trasfondo de las cosas, ha sentido ante él la presencia de lo terrible que se halla recostado por debajo de una finísima superficie de paz y sosiego. Ese hombre sin embargo no ha desesperado sino que se ha afirmado en su ser interior. Ha hecho un gesto afirmativo y comprendido en qué consiste su «gobierno» y qué puede venir a desbaratarlo. Aquello que le acecha en la tormenta de nieve y en sus visiones es la influencia de la muerte, el temor de la muerte que puede teñir todo lo que hay de bello y bueno en lo humano. Pero, dirá Yourcenar, pese a esta brecha que se abre en la vida del héroe este descubrimiento que es justamente el que lo coloca frente a posibilidades múltiples —léase múltiples destinos—, no tendrá mayor repercusión. La opción que finalmente cristalizará será la de la aceptación. Frente a toda otra riqueza, frente a todo otro fluir, el héroe quedará encriptado en la opción de clausura de su vida. Así su destino adquirirá la tonalidad menos sorprendente; la del conformismo y el olvido . En este punto de la novela, pasada la experiencia y el aprendizaje radical, otra vez circularmente se llega a episodios como «Ondas de armonía» o «Dudas supremas» que describen, el primero a través de la experiencia estética con la música y el segundo en la exploración de las zonas ocultas de lo sobrenatural los derroteros de la pesadumbre y del hundimiento de Hans Castorp. Pues allí es donde se patentiza el conformismo y el olvido de sí mismo de una manera que podría llamarse bestial; la tan temida inercia se apodera de lo más preciado de la organicidad, esto es de la vida y el espíritu. Luego hacia el final vendrá otra forma más velada de olvido de sí, contracara y superación de esta última, porque no hay que olvidar, como antes ya se dijo, que Hans Castorp no deja nunca de ser, y esto es vuelto a traer en los últimos pasajes de la novela ; un niño mimado por la vida. Un héroe, a su manera, que debe retornar y en esa vuelta hallar un destino que lo reconcilie con sus orígenes.






BIBLIOGRAFÍA GENERAL.

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____________ “Jaspers y Heidegger en la Alemania de 1933”, Diálogos, Universidad de Puerto Rico, N° 60 (julio 1992), pp.165-185. – C/R
____________ “En Busca de Sí Mismo”, Revista Latinoamericana de Filosofía, Vol. XX Nº 1 (Mayo 1994), pp. 87-94.

RICOEUR, P, Tiempo y narración II. Configuración del tiempo en el relato de ficción. Trad. A, Neira, Siglo veintiuno editores, Madrid, 1995.
____________ Tiempo y narración III, El tiempo narrado. Trad. A, Neira, Siglo veintiuno editores, Madrid, 1996. (Tiempo del alma y tiempo del mundo. El debate entre Agustín y Aristóteles, pp. 643-661)
___________ Historia y narratividad, Paidós, Barcelona, Trad. G, Aranzueque Sauquillo, Intro. A, Galibondo/G, Aranzueque, (Relato histórico y relato de ficción, pp. 158-181. La función narrativa y la experiencia humana del tiempo, pp. 183-214. La identidad narrativa, 215-230).

RILKE, R, M, Cartas a un joven poeta, Trad. L, Di Iorio/G, Thiele, Ediciones Siglo Veinte, Bs As, 1970.
___________ Cartas a Rodin, Trad. J, D, Espeche Lavié, Ed. La Pléyade, Bs. As, 1971.

VATTIMO, G, Introducción a Heidegger,Trad. A, Báez, Gedisa, Barcelona, 2002.

YOURCENAR, M, “Humanismo y hermetismo en Thomas Mann”, en A beneficio de inventario, Trad. E, Calatayud, Alfaguara, Madrid, 1989.










sábado, febrero 9

SIMULACROS


Caminaba arrastrando sus piernas, una tullida. Las muletas se movían más rápido que las piernas. ¡Manuel!, dijo, gritó. Avanzaba siempre avanzaba, las muletas primero lanzadas hacia delante con ritmo y luego las piernas medio desacompasadas. Las piernas, una muerta, la otra medio viva o dormida o con gangrena. Las dos medio vivas medio muertas. Las dos muertas, de risa. ¡Manuel!, otra vez, salí de ahí. Le avisó que no se acercara a las puertas; no te acerques a las puertas. Cuando las muletas zumbaron a su lado le dio una palmada en la cabeza, de refilón, que le revolvió el pelo negro pero Manuel no le dio importancia. Miró como alguien mira el viento pasarle cerca. Pegado a la puerta silbaba bajito o tarareaba alguna musiquita, desentonaba con un grito. Se figuraba ser algo, jugaba. De pronto esa pierna le pesaba más, la apoyaba con mayor delicadeza, la dejaba aplomarse sola. Ya te dije, ya te dije. Eso era verdad se lo decía todos los días. No estés cerca de las puertas, alejate. Cuando seas grande sí, cuando seas como papá, pero ahora no. Le hablaba más bajo no por vergüenza de que todos los presentes pudiesen oír. Eso no podía existir para quienes estaban lanzados. Pero en ese momento no se podía detener tranquilo y explicárselo, a Manuel, porque sólo podía pasarle por al lado en un ir y venir o mirarlo desde el otro extremo. Pero tal vez antes, tal vez, cuando venían caminando y Manuel corría a su alrededor. Fingía entonces que se enojaba, después que lo perseguía y lo sermoneaba, mientras Manuel con el morral sucio rebotando sobre su cintura revisaba frenético las cabinas de teléfono. Introducía su mano con comodidad en las celdillas del vuelto. Las bisagras metálicas se abrían empujadas por la mano y se cerraban solas al salir la mano, una tras otra; extendían un repiqueteo breve. Y por momentos la apoyaba, a la pierna mala, -ya que por ahí andaban casi solos- y caminaba con ella; pero las muletas no se desconectaban nunca. Dos pasos de enfermo un paso de sano. ¡Manuel! Vení acá. Te había dicho que no te quedaras en las puertas, en las puertas no Manuel, ahí la droga, un borracho, un chorro.

lunes, enero 28

Domingo

En Leinus están guardadas las semillas de todos los árboles que no fueron.
Nos va arrastrando al fin de la tarde. No hacemos nada para evitarlo.
Yo , sobre todo, porque Diana me dijo algo que convirtió a Leinus en lo próximo a perderse.
Él, porque mira una partida de ajedrez como si mirara adentro de sí mismo. Yo no puedo nunca saber qué es lo que está pensando en esos momentos en que sólo se toca la nariz o la boca y mira más allá de todos los que estamos. A veces pienso que es en esos momentos cuando él vuelve a la infancia de la que no habla. Pero eso es un poco el aire de Leinus, que siempre está metiéndonos adentro de un silencio que es como una infancia revisitada.
A mí me gustaría acariciarlo, lo hago. Decirle, hacerle saber que yo estoy ahí también, jugando a que puedo no estar, jugando a que tengo un mundo-Leinus que no es el de él.
A él le molesta esa caricia que lo devuelve al partido real, al contemporáneo. El tacto que lo arranca de no sé qué baldosas en qué patio y lo enfrenta a caras tan contingentes como un día lo será la mía.
Insisto. Un poco por egoísmo, otro porque creo asistir al ritual más simple y permanente de Leinus. Con un pie en el pasto siento al ritmo de la caricia, moverse las semillas, empezar a dejar la potencialidad con la fuerza del silencio. Hermanito mueve un peón. Me mira, nos mira. Sonríe.
Está desclazo: él también lo siente.